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Existen diversas interpretaciones sobre el origen de esta popular fiesta. Según algunos historiadores, su inicio se remonta a una "broma" que algunos amigos quisieron gastar a un señor que pasaba por la plaza del pueblo de Buñol cantando y tocando un instrumento pero que, al parecer, lo hacía tan mal que la gente que se encontraba allí cogió los tomates de un puesto de frutas y los lanzó contra él, enzarzándose todos los presentes en una batalla de tomates.
Sin embargo, la versión más veraz e histórica cuenta que todo empezó en 1945, cuando los jóvenes de la época se encontraban en la plaza del pueblo, lugar dónde se celebra tradicionalmente la Tomatina, y al paso de las autoridades y la banda de música durante un desfile de "gigantes y cabezudos" un grupo de estos jóvenes, que querían participar en la comitiva, empujaron a los que llevaban este disfraz.
Uno de los participantes cayó al suelo y, al levantarse, comenzó a golpear a todo el que se encontraba allí, por lo que todos comenzaron a pelearse entre sí. El destino quiso en las proximidades se encontrara un puesto de verduras y hortalizas con las cajas expuestas en la calle para su venta, por lo que los jóvenes usaron esos tomates para tirárselos unos a otros hasta que las fuerzas de orden público disolvieron "la batalla" y los responsables del alboroto tuvieron que pagar los destrozos.
Este alboroto no se olvidó al año siguiente y al llegar el mismo miércoles del mes de agosto los jóvenes del pueblo volvieron a reunirse en la plaza llevando ellos, en esta ocasión, los tomates. Así comenzó otra vez la batalla hasta que, de nuevo, fue disuelta por los alguaciles. De hecho, en los años siguientes las autoridades siempre se opusieron a las celebración de lo que ya se conocía popularmente como el "día de la Tomatina". Pero de una u otra forma, todos los años desde entonces, se llevaría a cabo.
LA PROHIBICIÓN DE LA TOMATINA
En 1950 el Ayuntamiento de Buñol no se opuso a la celebración de la fiesta. Pero sí al año siguiente. Algunos de los jóvenes participantes fueron detenidos y llevados a la cárcel del pueblo. Sin embargo, todos los vecinos se volcaron con ellos por lo que fueron puestos rápidamente en libertad. Ante el clamor popular, la fiesta fue permitida por fin por las autoridades. Es más, a partir de entonces cada año participaba más gente y la fiesta empezó a ser conocida en más lugares. Era tal la diversión que los participantes ya no se limitaban al tomatazo, sino que se lanzaban agua, metían a los compañeros en la fuente y, sobre todo, "atacaban" a la gente que no participaba y se limitaba a mirar, entre ellas, a algunas personalidades de relevancia. Esto provocó de nuevo la prohibición de la fiesta con la amenaza de altas sanciones e incluso con penas de prisión para quienes participaran en ella.
Fue tal el arraigo de la fiesta que en 1957, al no poder celebrase la Tomatina, algunos jóvenes propusieron hacer el "entierro del tomate", una gran manifestación popular entre cuyas parodias y comparsas cómicas desfiló un grupo de jóvenes portando un ataúd con un gran tomate dentro, acompañados por la banda de música interpretando marchas fúnebres.
EL AYUNTAMIENTO AUTORIZA LA FIESTA
A partir de 1959 y ante el clamor popular, el ayuntamiento permitió de nuevo la celebración de la Tomatina pero bajo ciertas normas, como por ejemplo que el principio y el final de la fiesta sería anunciado con una carcasa y que ni antes ni después de la misma se podría lanzar un solo tomate. A partir de ese momento, la fiesta se institucionalizó aunque a lo largo de los años sufriría algunas modificaciones antes del inicio del festejo. Algunos de estos cambios fueron la realización de "cucañas", de carreras de sacos, de chocolatadas, de carreras deportivas de todo tipo, de charangas... aunque lo que actualmente se realiza es el tradicional "palo jabón"; un poste embadurnado de jabón a través del cual varios jóvenes tiene que escalar para conseguir el trofeo clavado en su punta: un jamón.
Otra fecha clave en la historia de la Tomatina es el año 1975, a partir del cual la fiesta pasará a ser organizada por los Clavarios de San Luís Bertrán, el patrón del pueblo de Buñol, quienes se encargarán de aportar los tomates que hasta ese momento cada buñolense traía de su propia casa. A partir de 1980 es el ayuntamiento el que se hará cargo de la organización y el fomento de la fiesta, con lo que cada año se incrementará el número de toneladas de tomate así como el de participantes venidos desde todos los rincones del planeta. Aunque esto no suponga un mayor peligro por la aglomeración, ya que todos los años la Tomatina se celebra con éxito y nunca hay incidentes dignos de ser destacados.
Los amantes de esta popular fiesta debemos alabar a esos hombre y mujeres que, en aquellos tiempos, lucharon contra la incomprensión gubernamental y que con su persistencia y alegría han logrado que la Tomatina llegara hasta nuestros días como lo que es: una gran fiesta participativa, alegre e inolvidable.
SI VIENES A PARTICIPAR, RESPETA LAS NORMAS
Estas pequeñas indicaciones de civismo y convivencia son necesarias para que la fiesta se desarrolle como todos los años, es decir, sin ningún tipo de problemas:
- No debes entrar botellas ni ningún tipo de objeto que pudiera producir accidentes. - No debes romper camisetas. - Los tomates deben ser aplastados antes de ser lanzados para que no dañen a nadie. - Debes tener cuidado al paso de los camiones. - Al disparo de la segunda carcasa se debe dejar de lanzar tomates.
Intenta divertirte todo lo que puedas pero respeta estas normas y a las demás personas. En la Tomatina nunca ha ocurrido ningún percance y queremos que así siga siendo para el disfrute de todo el mundo.
Buñol se halla hacia el centro de la provincia de Valencia, a unos cuarenta kilómetros de la ciudad, y al sur de la carretera Nacional III , en un paraje montañoso y con clima marcadamente cálido y mediterráneo.
Pese a su cercanía al mar, Buñol ya está a unos 400 metros del nivel del mar, al lado de estribaciones serranas, lo que configura un elenco de paisajes atractivos y una geografía irregular. Riega el entorno de Buñol el río o arroyo de su mismo nombre, que proviene del cercano municipio de Siete Aguas. El río Juanes, que nace en el término de Buñol, también crea abundantes parajes hermosos en su avance hacia el este.
El viajero que llega por la Nacional III se encuentra a la altura de Buñol con la mole de la industria cementera que poluciona un amplio entorno y degrada el paisaje, tanto con sus avances por la montaña como por el polvillo blanquecino que deja sobre los arboles de la zona: adelfas, algarrobos, olivos, etc.
Pero Buñol, con unos 9.000 habitantes, sigue teniendo tradición agrícola, pese a la cementera y a otras actividades de industria y servicios. Cuenta incluso con un cercano polígono industrial, estratégicamente situado junto a la autopista.
En Buñol el elemento artístico más evocador es el castillo, en el que en el siglo XVI parece que estuvo preso Francisco I rey de Francia.
El castillo está bastante deteriorado. Sufrió su estructura en la Guerra de la Independencia; tras el fin del dominio señorial, en los inicios del XIX, numerosos habitantes de Buñol pasaron a vivir en la fortaleza, aumentando su deterioro; un derrumbe de 1911 causó varios muertos. Es monumento histórico-artístico desde 1964. En él destaca como elemento más visible la torre del homenaje, rectangular.
La sensibilidad de sus gentes es mayor para la música que para el urbanismo. Buñol tiene fama por su amor a la música, como lo atestigua el hecho de tener sendas bandas.
La gastronomía del lugar y su término municipal está a caballo del interior y el ámbito costero. Por eso confluyen en el lugar influencias culinarias de ambos lados.
De ámbito costero es el arroz, que se cocina con verduras y carnes -junto y separado-.
De ámbito interior es la caza y el consabido gazpacho manchego, que se elabora con tortas y carne de gallina, pollo, perdiz o conejo. No faltan tampoco, en la mejor tradición del interior, los embutidos, que son apreciado por las gentes del lugar.
Entre los ingredientes autóctonos que sirven para dar un toque local a alguno de los platos están los caracoles.
La Tomatina Pero el mayor toque local no lo ponen los platos gastronómicos ni los paisajes. Lo pone el tomate. Si Sueca tiene su fiesta del arroz, o Requena su vendimia, Buñol tiene su Tomatina, reina de las fiestas tomateras del mundo.
Millares de tomates maduros, transportados en camiones, sirven como proyectiles incruentos en una batalla llena de color y jugo, que se celebra en Buñol cada año durante la última semana de agosto.
Gentes de toda edad aparecen enrojecidas por la rojiza sangre de los tomates, en uno de los espectáculos plásticos más originales del verano español. No hay un origen religioso o militar. Nada de moros o cristianos. Hace más de cincuenta años comenzó una alegre trifulca tomatera que creció de año en año hasta transformarse en el espectáculos actual.
Buñol, excedentario en cemento, no es capaz de acumular un arsenal tomatero como el que necesita. Por eso en los días de la fiesta acopia tomates -frecuentemente de producción extremeña- que sirven para el gran jolgorio, jolgorio en que todo personaje es objetivo número uno para las balas rojas de los tomates semidestripados(es conveniente y obligado macerarlos en la mano para no causar daño real).
Otros datos de interés
En el Castillo existe un museo arqueológico, con materiales de la amplia historia del territorio
Teléfonos
Ayuntamiento de Buñol 96 250 01 51. Centro de Salud 96 250 03 51 Policía Local 96 250 01 07 Guardia Civil Buñol 96 250 01 23
Hay una amplia web sobre Buñol y su zona de influencia, La Hoya de Buñol: lahoya.net